Bruselas propone comprar energía en bloque para toda la UE y reducir la factura de 100.000 millones

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado ante el Parlamento Europeo una propuesta inédita: que la UE agregue toda la demanda energética de sus Estados miembro y negocie compras conjuntas de gas, petróleo, hidrógeno verde y minerales críticos, como si el continente fuera un solo país. La medida busca contener el impacto de un mercado disparado que, según los datos que maneja Bruselas, ha encarecido la factura energética europea en 100.000 millones de euros desde el inicio de la guerra de Irán.
Una factura de 100.000 millones sin recibir una molécula más
La cifra la dio la propia Von der Leyen en su intervención ante el Parlamento Europeo, recogida por la agencia EFE. Desde el estallido del conflicto en Irán, los europeos han pagado 100.000 millones de euros adicionales por los combustibles fósiles importados. El gas se ha encarecido un 140% y los carburantes también han subido, a pesar de que el G7 liberó 100 millones de barriles de diésel y crudo para intentar contener los precios.
El dato subraya la fragilidad del modelo actual: el continente ha desembolsado esa cantidad sin recibir a cambio "una molécula adicional de energía", en palabras de la presidenta de la Comisión. Es decir, el sobrecoste no se ha traducido en más suministro, sino en mayor exposición a un mercado volátil y menos fiable. Para Bruselas, el problema no es coyuntural, sino estructural: la dependencia energética del continente convierte cada crisis geopolítica en una factura extra para hogares y empresas.
El plan: una sola negociación para 27 países
La propuesta de Von der Leyen da un paso más allá del mecanismo que la UE utilizó en la crisis de 2022, cuando se limitó a poner en contacto a compradores y vendedores de gas para facilitar acuerdos bilaterales. Ahora, la Comisión plantea centralizar la contratación: agregar la demanda de los 27 Estados miembro y negociar como un único comprador.
El plan contempla compras conjuntas no solo de gas, sino también de petróleo, hidrógeno verde y minerales críticos necesarios para la producción de baterías. La lógica es doble. Por un lado, se evita que haya 27 negociaciones paralelas para 27 contratos distintos, con la consiguiente pérdida de eficiencia. Por otro, la actuación en bloque otorga a la UE una posición de presión frente a los proveedores, en un momento en el que el mercado energético está disparado.
La medida, no obstante, tiene un alcance limitado. Von der Leyen ha sido explícita al señalar que la compra conjunta no resuelve el problema de fondo. A medio y largo plazo, la solución pasa por la electrificación de la economía europea, según la presidenta del Ejecutivo comunitario. Solo atajando los problemas estructurales, como la dependencia energética, se podrá reducir la exposición de la economía europea a las perturbaciones internacionales.
Un invierno con reservas bajas y un objetivo de electrificación al 46%
La urgencia de la propuesta se entiende mejor con los datos sobre la mesa. Europa afronta el invierno con las reservas gasísticas más bajas de su historia reciente, según las advertencias que Bruselas ya ha trasladado a los Gobiernos. Las perturbaciones en el suministro pueden mantenerse o incluso empeorar en los próximos meses, lo que hace más acuciante cualquier medida que refuerce la autonomía estratégica del continente.
En ese contexto, la Comisión Europea apuesta por acelerar la transición hacia las renovables. El objetivo es elevar la electrificación de la economía europea del 23% actual al 46% en 2040. Según los cálculos que maneja Bruselas, alcanzar esa meta permitiría a las economías europeas ahorrarse hasta 260.000 millones de euros anuales en compras energéticas a terceros.
El plan de compra conjunta se presenta, por tanto, como una medida de corto plazo para contener la sangría, mientras la electrificación y el despliegue de renovables atacan la raíz del problema. La propuesta llega en un momento en el que el mapa energético global está cambiando, y Europa busca dejar de ser un actor pasivo que paga el precio de las crisis sin capacidad de negociación.



