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Hispasat, pilar terrestre de IRIS2: España gestionará 1.600 millones en la mayor red de satélites de Europa

La Comisión Europea, la Agencia Espacial Europea y el consorcio SpaceRISE han cerrado el acuerdo definitivo para desplegar la constelación IRIS2, el mayor proyecto de conectividad por satélite de la historia de Europa. El diseño final amplía la red hasta los 348 satélites y acelera su entrada en servicio ante lo que Bruselas describe como "necesidades defensivas". España, a través de Hispasat, asume un papel central: el diseño, la construcción y la gestión de toda la infraestructura terrestre, con un contrato valorado en 1.600 millones de euros.
Una constelación ampliada y acelerada por motivos de seguridad
IRIS2 no es un proyecto nuevo, pero la Comisión Europea ha decidido acelerar su desarrollo citando necesidades defensivas y priorizando una constelación "soberana" que no dependa de compañías estadounidenses o de otros países. El acuerdo definitivo, firmado entre la Comisión Europea, la Agencia Espacial Europea y el consorcio SpaceRISE, amplía el diseño original: la red pasará de los 290 satélites proyectados en su fase inicial a 348.
De ellos, 330 se ubicarán en órbita terrestre baja (LEO), a 1.200 kilómetros de la superficie, con el objetivo de reducir la latencia a un rango de entre 20 y 40 milisegundos. La comparación con los satélites geoestacionarios es relevante: estos operan a más de 35.000 kilómetros de altura y registran alrededor de 600 milisegundos de latencia. Los 18 satélites restantes operarán en órbita terrestre media (MEO), a 8.000 kilómetros, y cubrirán una mayor superficie cada uno para garantizar conectividad incluso en zonas sin cobertura terrestre.
El enfoque híbrido LEO-MEO es la clave técnica del proyecto: combina baja latencia con una cobertura más amplia, en lugar de depender de una única órbita. Esta arquitectura permitirá ofrecer banda ancha en áreas rurales, zonas de montaña y regiones aisladas donde desplegar fibra óptica o antenas 5G resulta inviable por coste o por geografía, además de dar servicio a sectores como la aviación comercial.
El papel de Hispasat: infraestructura terrestre y gestión de la capa LEO
Hispasat, la operadora de satélites integrada en el grupo Indra, asume la parte terrestre de IRIS2. Su responsabilidad abarca el diseño, la construcción y la gestión de toda la infraestructura necesaria para que la constelación funcione: desde la red de antenas distribuidas por el planeta hasta los centros de control que gestionarán el tráfico de datos en tiempo real y la conexión con las redes de fibra óptica tradicionales.
Además, la compañía española gestionará directamente la capa LEO para aplicaciones comerciales y de alta seguridad, con un contrato de 1.600 millones de euros. Este importe sitúa a España como uno de los actores principales del proyecto, en un momento en el que la Unión Europea busca reducir su dependencia de operadores extranjeros para sus comunicaciones gubernamentales y servicios críticos.
66 satélites para defensa e inteligencia y llegada anticipada en 2029
El acuerdo revisado añade 66 satélites dedicados específicamente a servicios de defensa, protección civil e inteligencia, lo que según las cifras del proyecto mejorará en un 60% la capacidad de comunicaciones gubernamentales seguras en territorio europeo. La red incorpora además una capa de encriptación cuántica para proteger la información confidencial frente a ciberataques avanzados.
El comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha señalado que la prioridad de la UE es "acelerar la entrega de servicios tempranos de defensa y seguridad". Esto implica que las operaciones de IRIS2 comenzarán de forma progresiva a partir de 2029, muy por delante del calendario inicialmente previsto.
La fuente consultada aclara que IRIS2 no competirá comercialmente con Starlink: la compañía de Elon Musk prevé tener más de 12.000 satélites cuando el proyecto europeo arranque. La diferencia de escala es evidente. Pero el objetivo estratégico no es competir en volumen, sino garantizar que la Unión Europea tenga control completo sobre una red propia de comunicaciones, sin depender de decisiones empresariales o vaivenes políticos de terceros países.



