España multiplicaría por diez su almacenamiento en baterías en 18 meses: 6,4 GW ya tienen expediente en el BOE

El almacenamiento con baterías en España se prepara para un salto de escala sin precedentes: de los 260 MW actualmente conectados a la red a varios gigavatios en los próximos 18 meses. Según los datos que maneja el sector, 6,4 GW de proyectos de baterías ya tienen expediente en el BOE, una potencia comparable a la nuclear instalada en el país. El desafío, advierten los analistas, ya no son los permisos, sino la rentabilidad.
Del almacenamiento marginal a un papel relevante en la red
La energía renovable ha resuelto gran parte del reto de la generación limpia, pero arrastra un problema estructural: su carácter intermitente. La producción solar y eólica depende de las horas de luz y del viento, lo que genera excedentes en unos momentos y déficits en otros. Frente a ello, las baterías permiten almacenar electricidad cuando es abundante y barata y verterla a la red cuando la demanda la necesita.
Según los datos que recoge El Español, en agosto de 2026 ya había 10,3 GW de proyectos de baterías anunciados con horizonte hasta 2029. De ellos, 6,4 GW ya cuentan con expediente en el BOE, el equivalente a la potencia nuclear actualmente instalada en España, que ronda los 7,1 GW. La comparación no implica que las baterías vayan a producir electricidad como una central nuclear —los GW de una batería miden la potencia de carga y descarga, no generación continua—, pero sí ayuda a dimensionar la magnitud del cambio.
Hoy, la capacidad instalada real es de apenas 260 MW, según Red Eléctrica. La consultora energética Modo Energy prevé que en los próximos 18 meses esa cifra podría multiplicarse por diez, pasando de una tecnología marginal a una pieza relevante en la gestión del sistema eléctrico.
El reto ya no es el permiso: es que las cuentas cuadren
Que existan proyectos con expediente en el BOE no significa que todos vayan a construirse. Una batería requiere una inversión inicial elevada y, a diferencia de otras infraestructuras energéticas, no tiene unos ingresos predecibles ligados a contratos de larga duración. Su rentabilidad depende de mercados donde el precio fluctúa de forma natural, y cuanto mayor sea el número de baterías compitiendo por esas oportunidades, más difícil será mantener los márgenes.
Como explica El Periódico de la Energía, esta falta de certidumbre dificulta el acceso a la financiación y obliga al sector a buscar nuevas estrategias y modelos de ingresos que aporten más estabilidad. El almacenamiento no es como las líneas de evacuación o los contratos de suministro tradicionales: necesita capturar ingresos en los momentos de mayor diferencial de precios, y eso introduce un riesgo que los inversores todavía no saben valorar por completo.
Pablo Martínez, Country Manager de Modo Energy, señala en El Español que los promotores fotovoltaicos están apostando cada vez más por hibridar sus parques con almacenamiento, pero advierte de que eso no resuelve por sí solo la ecuación económica. La hibridación ayuda, pero no basta.
Una tendencia europea que urge a España
La Agencia Internacional de la Energía estima que, para cumplir los objetivos climáticos de cero emisiones netas en 2030, la capacidad mundial de almacenamiento con baterías deberá multiplicarse por 35 respecto a los niveles actuales. En Europa, esa cifra tendría que multiplicarse por cinco en solo cinco años. El almacenamiento no es un lujo: es una condición necesaria para integrar renovables a gran escala y evitar que los excedentes se desperdicien o que los picos de demanda no se cubran.
DNV prevé que a mediados de los años 2030 la mitad de las nuevas plantas solares incorporen algún tipo de almacenamiento. La tendencia es clara, pero la velocidad a la que España la materialice dependerá de la capacidad del sector para resolver la incertidumbre regulatoria y de negocio.
Por ahora, el dato de que 6,4 GW ya tengan expediente en el BOE es una señal de que la burocracia avanza. El siguiente paso, y más difícil, es convertir esa potencia en proyectos reales, conectados y rentables. Con una demanda eléctrica que crecerá en las próximas décadas, y con la electrificación de la economía como telón de fondo, lo que ocurra con las baterías en los próximos 18 meses definirá si España aprovecha su ventaja renovable o se queda a medias en el camino.



