OpenAI logra un hito matemático con sus agentes de IA, pero la autoría del hallazgo se vuelve polémica

OpenAI ha anunciado que un sistema de agentes de IA coordinados ha encontrado una solución a uno de los siete problemas del milenio, los relacionados con las ecuaciones de Navier-Stokes. La compañía presentó el logro como una prueba del potencial de su tecnología, pero el anuncio quedó marcado por una disputa pública sobre quién merece el crédito del hallazgo. El matemático Tristan Buckmaster acusa a OpenAI de haberse apropiado de un trabajo previo que él desarrollaba con Levent Alpöge, investigador de Anthropic.
Un enigma matemático de más de un siglo, abordado con 10.000 agentes
Las ecuaciones de Navier-Stokes describen el comportamiento de los fluidos y son la base para el diseño de aviones, la predicción meteorológica o el estudio del flujo sanguíneo. Desde el siglo XIX, una de las grandes preguntas sin respuesta era si un fluido en movimiento suave puede desarrollar un punto de ruptura, lo que pondría en duda el modelo matemático utilizado para entender fluidos reales.
Según OpenAI, su sistema de agentes coordinados trabajó durante 88 horas probando distintas variantes del problema. En el pico de actividad, el sistema alcanzó los 10.000 agentes simultáneos, con acceso a una versión almacenada de internet y capacidad para ejecutar código. El enfoque pasó por analizar un término habitualmente ignorado que permite que las ecuaciones de Euler, relacionadas con Navier-Stokes, puedan "explotar" bajo ciertas condiciones.
El despliegue generó más de 2,7 millones de mensajes y unos 130.000 millones de tokens sólo para este problema, aunque también se abordaron otros retos matemáticos. OpenAI destacó que el resultado es un trabajo sustancial de matemáticos e investigadores y lo presentó como una muestra de lo que su IA es capaz de conseguir.
Buckmaster acusa a OpenAI de apropiarse de su trabajo con Alpöge
La polémica estalló cuando Tristan Buckmaster publicó un comunicado acusando a OpenAI de haberse apropiado de un trabajo que desarrollaba junto a Levent Alpöge. Según Buckmaster, ambos avanzaron en la solución durante agosto usando los modelos de Claude, Codex con GPT-5.6 Sol y Astra de OpenAI. Los rumores sobre ese avance habrían llegado a la compañía, que aprovechó el fin de semana para usar un método de análisis conocido como 'forcing' que el equipo de Buckmaster exploraba.
Buckmaster relató que, tras enterarse de lo ocurrido, llamó a Sébastien Bubeck, responsable del equipo de matemáticas de OpenAI, quien le habría dicho que la compañía lo reconocería como único autor humano del resultado. Según el matemático, Bubeck quiso excluir a Alpöge de la autoría por trabajar en Anthropic, la compañía rival de OpenAI. "Sébastien afirmó en dos ocasiones que quería que Levent fuera excluido de la autoría", sostuvo Buckmaster.
El propio Buckmaster amenazó con hacer público lo sucedido y Bubeck cuestionó si eso arruinaría su carrera. "También se dijo que si OpenAI publicaba después de nosotros, dirían que merecíamos el Premio Clay, y que éramos los 'seres humanos más cercanos al problema'. Decliné", añadió el matemático.
Respuesta de OpenAI: no hubo acceso a datos privados, pero admite influencia posible
Tras la publicación del comunicado, OpenAI negó las acusaciones y reconoció explícitamente el trabajo de Buckmaster y Alpöge sobre las ecuaciones de Euler forzadas. En un mensaje en su cuenta oficial, la compañía felicitó a ambos investigadores y afirmó que ni sus investigadores ni sus agentes vieron su trabajo hasta que lo hicieron público. "En particular, ningún dato de usuario específico fue accedido para resolver" el problema, señaló OpenAI.
Sin embargo, la compañía no descartó que "datos anonimizados de su uso" pudieran haber influido en el entrenamiento de sus modelos. Esa admisión deja abierta la puerta a que la información generada por Buckmaster y Alpöge durante sus pruebas con herramientas de OpenAI o de terceros acabase formando parte del conocimiento del sistema que luego resolvió el problema.
OpenAI también quiso zanjar el asunto del premio: no tiene intención de reclamar el Premio del Milenio del Clay Mathematics Institute, que otorga un millón de dólares a quienes resuelvan uno de los siete problemas. La disputa, no obstante, ha puesto sobre la mesa una cuestión más amplia para el sector: cómo se atribuye la autoría de descubrimientos en los que colaboran humanos y sistemas de IA, y qué papel juega la competencia entre laboratorios a la hora de reconocer el trabajo ajeno.



