empresas-tecnologicas

Proba 3 de la ESA supera una anomalía de energía y consolida la fabricación española de eclipses artificiales

Fotografía que ilustra la noticia: Proba 3 de la ESA supera una anomalía de energía y consolida la fabricación española de eclipses artificiales
(xataka.com)

La misión Proba 3 de la Agencia Espacial Europea (ESA), con un destacado papel de la industria española, no solo fabrica eclipses artificiales para estudiar la corona solar, sino que ha demostrado su resiliencia al superar una anomalía de energía en uno de sus satélites. Esther Bastida, científica del proyecto, explica cómo la precisión milimétrica y la cooperación entre naves abren la puerta a nuevas aplicaciones espaciales.

Cómo se fabrican 4.000 eclipses al año

La misión Proba 3, lanzada en diciembre de 2024, utiliza dos satélites, Occulter y Coronagraph, que trabajan en formación para crear eclipses artificiales. El primero lleva un disco circular que actúa como una Luna artificial y bloquea la luz del Sol, mientras que el segundo, Coronagraph, estudia la corona solar, esa masa de gas extremadamente caliente que normalmente permanece invisible por el brillo solar.

Gracias a esta configuración, la misión recopiló durante 2025 información equivalente a la que se habría obtenido con 4.000 eclipses solares naturales, según explica Esther Bastida, científica española de la ESA que forma parte del equipo de Proba 3. 'Muchos de esos eclipses son inaccesibles a los telescopios, por eso es tan útil generarlos artificialmente', señala.

La clave está en la precisión con la que los dos satélites trabajan juntos. Aunque vuelan a una distancia de entre 100 y 200 metros, son capaces de acercarse con una precisión milimétrica al provocar los eclipses, un hito único en el espacio. Bastida detalla el mecanismo: 'Tenemos un grupo de cámaras que están en uno de los satélites y lo que hacen es seguir un patrón de luces LED que se encuentra en el otro. Una vez que están bien colocados y en formación, los dos comprenden que están en esta posición'.

Además, un láser viaja de un satélite al otro y rebota, refinando aún más la precisión. Los satélites también se comunican entre sí, compartiendo su posición en todo momento. De esta manera, justo cuando Occulter tapa el brillo del Sol, Coronagraph se acerca para tomar datos durante seis horas completas.

La anomalía de febrero: cómo se recuperó Coronagraph

En febrero de 2026, la misión se enfrentó a un contratiempo: Coronagraph se quedó repentinamente mudo. Los científicos de la ESA enviaban comandos al satélite, pero no recibían respuesta. La estrategia inicial fue intentar comunicarse repetidamente, pero pronto comprendieron que el problema podía ser otro.

'Llegamos a la conclusión de que lo que probablemente estaba pasando era que el satélite no tenía suficiente potencia o energía para comunicarse', cuenta Bastida. Sus sospechas se confirmaron: el satélite estaba en un estado seguro, 'como si estuviese dormido o apagado', girando de manera que el panel solar no apuntaba al Sol. Esto le impedía cargar sus baterías y, por tanto, comunicarse.

La prioridad fue entonces utilizar el otro satélite, Occulter, que funcionaba perfectamente y lleva varias cámaras. 'Nos acercamos más al satélite que no respondía, al coronógrafo, y tomamos imágenes para comprobar dónde estaba, para saber que estaba bien y poder entender en qué posición estaba exactamente'. Esto permitió recolocar a Coronagraph para que recuperara la energía.

'Al cabo de más o menos un mes desde la anomalía original, el coronógrafo volvió a la vida y empezó a mandar comandos otra vez', relata la científica. Tras la recuperación, el equipo se centró en analizar todos los sistemas para verificar que habían sobrevivido a un mes en el espacio, en temperaturas muy frías y sin supervisión. 'El instrumento coronógrafo había sobrevivido, lo cual fue increíble porque significa que el satélite estaba construido con una resiliencia muy grande tanto a nivel de hardware como de software'.

El papel de la industria española

Proba 3 ha tenido una gran participación española. Como explica Bastida, 'SENER, que es una empresa española, es el contratista principal de la misión, pero no solo SENER, porque luego ha habido otras empresas que también han participado'. Airbus ha sido responsable de la estructura de los satélites, GMV ha desarrollado las leyes de guiado, navegación y control y los algoritmos de dinámica orbital, y Deimos Space ha realizado el análisis de misión.

Esta implicación de la industria española no es un detalle menor: pone de relieve el peso del sector espacial español en una misión científica de primer nivel como Proba 3. La capacidad de formar satélites con precisión milimétrica y de superar anomalías operativas refuerza la posición de estas empresas en futuros contratos, tanto de la ESA como de otros actores.

Para el tejido tecnológico español, esta misión demuestra que las empresas locales pueden competir en segmentos de alto valor añadido, como la guiado, navegación y control o la integración de sistemas críticos. La tecnología desarrollada en Proba 3 tiene aplicaciones más allá de la ciencia solar, como veremos a continuación.

Del estudio de la corona solar a la basura espacial

La precisión alcanzada por Proba 3 no solo sirve para estudiar la corona solar, sino que abre la puerta a otras aplicaciones en el espacio. Bastida señala que, 'ahora que el problema de la basura espacial está muy presente, potencialmente se pueden utilizar estas tecnologías para acercarse a objetos de basura espacial, cogerlos y deorbitarlos'. También podría ser útil para servicios en órbita, como 'aportar combustible a un satélite que ya está en órbita'.

Estas capacidades encajan con una tendencia creciente en el sector espacial: la necesidad de gestionar los residuos orbitales y de alargar la vida útil de los satélites mediante servicios de mantenimiento. La tecnología de formación de satélites de Proba 3 podría convertirse en una referencia para futuras misiones de este tipo.

Respecto a los eclipses naturales, Bastida reconoce que aún hay dos factores en los que superan a los artificiales. Por un lado, Proba 3 no es capaz de llegar tan cerca de la superficie del Sol: 'Nosotros somos capaces de llegar desde 0,1 radios solares para adelante, mientras que en un eclipse solar natural se puede ver un poquito más'. Por otro, el eclipse natural sigue siendo un espectáculo para los sentidos. 'Los eclipses naturales son complicados, pero como tal son maravillosos y ofrecen un montón de información, aunque sea breve'.

En cualquier caso, la misión Proba 3 demuestra que los eclipses ya no son solo fenómenos naturales: también son una herramienta de precisión que los humanos podemos fabricar, y que además sirve para probar tecnologías clave para el futuro de la exploración y el mantenimiento espacial.