Un estudio de Jaén desarrolla un sistema de sincronización VR multiusuario y busca escalarlo a inmobiliario, sanidad y administración

Rigoberto Studio, un equipo de seis personas con sede en Jaén, ha desarrollado un sistema propio de sincronización multiusuario para experiencias de realidad virtual que permite a hasta 20 personas compartir un mismo entorno virtual en tiempo real. La tecnología, que ya opera desde hace más de un año en el Museo Íbero de Jaén, se presenta como una base reutilizable que el estudio quiere extender a sectores como el inmobiliario, la sanidad o la administración pública.
Del máster de videojuegos al Museo Íbero
El origen de Rigoberto Studio se remonta a la primera promoción del Máster de Desarrollo de Videojuegos del instituto público Virgen del Carmen de Jaén. Allí se conocieron sus seis integrantes y nació la idea de crear un videojuego ambientado en el mundo íbero, un proyecto que chocó con el problema habitual de la financiación.
El contacto con Alfonso, su enlace en el Museo Íbero de Jaén, cambió el rumbo. El museo buscaba modernizarse y ya disponía de gafas de realidad virtual, por lo que el equipo decidió crear una experiencia inmersiva con las piezas del propio museo. Fue durante ese desarrollo cuando dieron con lo que hoy consideran el núcleo de su tecnología: un sistema de sincronización multiusuario que permite que dos o más personas compartan el mismo espacio virtual desde dispositivos distintos, cada una con su propio punto de vista, sincronizadas en tiempo real.
"Para nosotros era algo tan básico, tan simple, que dábamos por hecho que ya estaría inventado, que alguien lo habría hecho antes que nosotros", explica Iván Cubillo, director ejecutivo del estudio. Al investigar, comprobaron que esa solución no estaba tan resuelta como pensaban y decidieron desarrollarla ellos mismos.
Una tecnología propia y reutilizable, no un encargo cerrado
El sistema de sincronización multiusuario es, según el equipo, una tecnología propia y reutilizable, no algo hecho a medida y cerrado para un único cliente. La aplicación del Museo Íbero, con sus propios escaneos y modelos 3D de las piezas expuestas, fue la primera en usarlo, pero el estudio insiste en que no lo conciben como una solución exclusiva para museos.
En sus primeras reuniones internas ya barajaban ideas como el sector inmobiliario, mostrando un piso piloto en realidad virtual a partir directamente del plano del arquitecto, permitiendo ver exactamente cómo quedaría cada reforma. También mencionan la sanidad y los servicios administrativos como ámbitos donde esta tecnología podría aplicarse. "Realmente no somos conscientes de cuál es el límite de esto", resume Iván. "Lo hemos probado mucho, mucho, y todavía no lo hemos encontrado".
El equipo ha probado hasta ahora un récord de 20 personas conectadas simultáneamente en un mismo entorno virtual y en un mismo sitio físico. La demo que mostraron a Xataka, con unas Meta Quest 3, permitía moverse con libertad por un escenario virtual e interactuar con los objetos, con dos avatares compartiendo escenario en tiempo real desde dispositivos distintos.
Seis meses de desarrollo y una pelea con la línea de internet
El desarrollo de la aplicación para el Museo Íbero se completó en seis meses, aunque la parte puramente técnica estuvo lista en cuatro. El resto del tiempo se fue en ajustes finales y, sobre todo, en un obstáculo inesperado: conseguir una línea de internet propia dentro de un edificio público.
La Junta de Andalucía no permitía, por norma, que un centro dependiente de la administración tuviera una línea externa independiente. El estudio tuvo que tramitar una solicitud específica que fue estudiada y finalmente aprobada por la propia Junta, que además aprovechó el caso para generar una solución que les permitiera contar con una red independiente en cualquier otro centro de la Junta, si se diera el caso. Para llegar a ese punto trabajaron también con la Agencia Digital de Andalucía (ADA), encargada de validar la viabilidad técnica del proyecto.
Iván lo cuenta casi como una pequeña victoria personal: "Las primeras conversaciones eran un no rotundo. Que no, que eso no se podía hacer bajo ningún concepto, que no se iba a instalar ninguna red ahí. Y al final resultó que sí." Para un estudio que empieza, contar con el visto bueno de un organismo del tamaño de la Junta de Andalucía fue un detalle que, según explican, les motivó especialmente.
Cómo funciona la sincronización y qué datos se manejan
A nivel técnico, el sistema se apoya principalmente en el giroscopio de las gafas, junto con las cámaras que registran la posición de las manos y un sistema de posicionamiento que calcula la ubicación del usuario en el espacio. Con esos datos, la aplicación crea un punto de referencia invisible dentro del escenario virtual. Ese punto puede ser dinámico (situarse en cualquier lugar simplemente al activar la aplicación) o fijo, como ocurre en su demo del Museo Íbero.
Actualmente todo el desarrollo está hecho para Meta Quest, usando el SDK de Meta XR. El equipo tiene intención de portar la experiencia a otros dispositivos mediante OpenXR, el estándar abierto del sector, pero de momento su desarrollo no está tan avanzado como el de Meta y eso obligaría a mantener dos versiones distintas de cada aplicación. Aun así, siguen explorando esa vía porque les daría más libertad, entre otras cosas, poder usar avatares propios en lugar de los que impone Meta, ya que explican que sus políticas son muy estrictas respecto a qué tipos de recursos se pueden usar. De hecho, la primera idea para el proyecto del museo era diseñar avatares con estética íbera, algo que finalmente no fue posible por esas restricciones.
En cuanto al tratamiento de datos, el equipo insiste en que la aplicación no recoge información personal de los usuarios. No existen cuentas reales, ya que en su lugar utilizan perfiles genéricos numerados para que ningún dato pueda vincularse a una persona concreta. Lo único que se procesa es el posicionamiento del usuario dentro del entorno virtual, necesario para que la sincronización funcione. Esa información además se conserva solo durante un margen de tiempo mientras dura la sesión y basta con cerrar la aplicación para que los datos se borren automáticamente. Algo que, según cuentan entre risas, han comprobado más de una vez gracias a usuarios (sobre todo los más jóvenes) que cerraban la app sin querer y obligaban al equipo a reiniciar todo el sistema para volver a sincronizar a los usuarios conectados.
Un modelo de negocio pensado sobre la marcha
Cuando empezaron a desarrollar el sistema para el Museo Íbero, el equipo no se planteó en ningún momento su potencial como producto comercial. "Estábamos tan obsesionados con que funcionara que ni nos paramos a pensar en esa pregunta", cuenta Iván. Esa reflexión, explican, llegó después, una vez terminado el proyecto.
La conclusión a la que han llegado es mantener un núcleo tecnológico propio (el sistema de sincronización multiusuario) y, a partir de ahí, desarrollar aplicaciones personalizadas para cada cliente, adaptadas a sus necesidades concretas. Es, en definitiva, el modelo que ya han aplicado con el Museo Íbero y el que quieren replicar en otros sectores a medida que vayan cerrando nuevos proyectos.



