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El 'slop' generado por IA dispara el coste de filtrar contenido y empuja a Internet a cerrarse

Fotografía que ilustra la noticia: El 'slop' generado por IA dispara el coste de filtrar contenido y empuja a Internet a cerrarse
(xataka.com)

La inteligencia artificial ha reducido a casi cero el coste de producir contenido, pero ha trasladado el gasto a quien lo recibe. Lo que antes pagaba el emisor en horas de trabajo ahora lo paga el receptor en tiempo de filtrado, suscripciones o criterio cedido a sistemas automáticos. El resultado, según un análisis publicado por Xataka, es una Internet que vuelve a levantar barreras de acceso: proyectos por invitación, verificación de pago y comunidades cerradas.

El coste cambia de manos: producir es gratis, filtrar es carísimo

El ejemplo más claro lo protagoniza Daniel Stenberg, creador de cURL, una de las librerías de software más utilizadas del mundo. En enero cerró el programa de recompensas por bugs de su proyecto. No le faltaba dinero, le sobraban informes: una cantidad descomunal de avisos de vulnerabilidades generados con IA, muy bien redactados, muy convincentes y completamente falsos. Cada uno de esos informes se escribe en segundos, pero descartarlo costaba varias horas a un grupo de voluntarios.

Ese caso ilustra una dinámica general: generar información ya cuesta prácticamente nada, pero filtrarla cuesta tanto o más que antes porque el volumen se ha disparado. El coste no ha desaparecido, solo ha cambiado de manos. Ya no lo paga quien produce, sino quien recibe. Esta es la tesis central del artículo de Javier Lacort en Xataka, que analiza cómo la IA está reconfigurando los incentivos de la producción de contenido en Internet.

Durante décadas, casi cualquier sistema abierto a desconocidos funcionó con una regla no escrita: enviar algo suponía un esfuerzo. Una carta de presentación exigía una tarde, y un informe de seguridad como los de cURL, varios días. Ese esfuerzo funcionaba como una señal: quien pagaba el precio de perder tiempo escribiendo solía tener algo que decir. La IA ha eliminado por completo esa norma.

IAs hablando entre ellas: el caso de LinkedIn y el workslop

El fenómeno ya se observa en plataformas masivas. LinkedIn recibe unas 11.000 solicitudes de empleo por minuto, un 45% más que hace un año, según los datos citados por Xataka. Los reclutadores responden con filtros automáticos y los candidatos recurren a más IA para superarlos. El resultado es un diálogo entre sistemas que se engañan mutuamente, sin intervención humana real en el proceso.

Dentro de las empresas el fenómeno tiene nombre propio: workslop. Un estudio de BetterUp Labs y Stanford citado en el artículo indica que el 40% de los trabajadores había recibido en el último mes documentos generados con IA que había que rehacer, con un coste medio de casi dos horas por caso. Quien usa la IA para quitarse una tarea de encima gana productividad individual, pero traslada la carga a un compañero que tiene que corregir el resultado.

Es una externalidad clásica: el que genera el slop se queda con el beneficio y reparte el coste entre los demás. La industria responde usando IA para filtrar lo que genera otra IA, un bucle que el artículo describe como razonable y absurdo a partes iguales. El receptor deja de pagar en horas para pagar en suscripciones, en errores y en criterio cedido a sistemas automáticos de clasificación.

La respuesta no es tecnológica sino de negocio: cerrar el acceso

La reacción empieza a verse y no es tecnológica, sino de modelo de negocio. Consiste en encarecer el acceso. Proyectos que solo aceptan contribuciones de gente con bagaje previo, convocatorias por invitación, verificación de identidad de pago, comunidades que se van a grupos cerrados, newsletters bajo suscripción y contrataciones por recomendación son algunas de las fórmulas que ya se observan.

Si producir ya no cuesta nada, lo que va a costar va a ser poder entrar. Es la fase II de lo que el artículo denomina la 'discordización' de Internet, en referencia a la tendencia de las comunidades a moverse a espacios privados y controlados. La paradoja es que la tecnología que iba a democratizar la creación revaloriza lo único que no puede generar: la reputación, las relaciones y el currículum.

El análisis concluye que pesará menos lo que se dice y pesará más quién lo dice. Eso favorece a quien ya tiene un nombre y perjudica al desconocido que antes podía hacerse oír a base de esfuerzo. Después de dos décadas celebrando que Internet eliminaba intermediarios que no aportaban gran valor, el slop puede ser la razón por la que vuelvan. La democratización prometida por la IA choca con la economía real del filtrado: alguien tiene que pagar por mantener la calidad.