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La IA se cuela en la producción audiovisual europea: del ahorro de costes a la batalla por la autoría

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(El Español)

La relación entre el cine y la inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro: es una realidad que se cuela en los festivales y en los flujos de trabajo de producción. Mientras China lidera la generación masiva de contenido con IA, en Europa el acercamiento es más cauto, pero igual de decidido. La clave no está en sustituir equipos humanos por algoritmos, sino en usar la tecnología como un socio creativo que abarata costes y reduce riesgos en la preproducción y postproducción. La propia Google ha confirmado su papel en esta transición, trabajando con creadores y cadenas para integrar la IA generativa sin renunciar a la autoría, una de las grandes preocupaciones del sector.

China acelera, Europa sopesa: dos modelos frente a la IA generativa

El cine generado con inteligencia artificial ha encontrado en China su principal motor. Los gobiernos locales ofrecen a los cineastas especializados en IA subsidios que incluyen vales para computación, exenciones de alquiler y financiación específica, creando un caldo de cultivo para una industria que crece a un ritmo vertiginoso.

Sin embargo, los datos apuntan a una posible saturación del mercado. Según información publicada por Reuters, en la primera mitad del año se lanzaron 221.900 nuevos programas de IA en Douyin, la versión china de TikTok, pero solo 1.055 superaron los 100 millones de visualizaciones, un indicador típico de éxito según la consultora DataEye.

En Europa, el acercamiento es más pausado. La directora china Cao Yiwen estrenó su película de animación por IA durante el Festival Mundial de Cine de IA en Cannes en abril, un ejemplo de cómo los festivales más prestigiosos empiezan a acoger sin temor los títulos que recurren a esta tecnología. Ya en 2024, su cortometraje Después de Fukushima ganó el premio a la Mejor Animación en el Animation Day de Cannes, lo que demuestra que la conversación sobre la IA en el cine trasciende fronteras y llega a los certámenes europeos.

Google se posiciona como socio creativo con Flow Sessions y acuerdos con Atresmedia y Mediapro

La multinacional estadounidense ha querido dejar claro su enfoque. "Nuestra visión general en Google es ver a la IA como un socio creativo", explica Johann Choron, Responsable de Alianzas de Cine y TV en Google, en una conversación con El Español-Omicrono durante el Festival de San Sebastián.

Para materializar esta visión, Google ha puesto en marcha Flow Sessions, un proyecto de seis semanas donde creadores de todo el mundo trabajan directamente con los investigadores de Google. El director español Lucas Ortiz Estefanell formó parte de este programa y su largometraje Les Explorateurs se basa en IA para la generación de imágenes. Otro ejemplo es Les Explorateurs, donde se combina la generación de imágenes con IA con un trabajo artístico más tradicional.

En el terreno empresarial, los acuerdos con grupos audiovisuales españoles son ya una realidad. Google trabaja con Atresmedia y Mediapro en la automatización de subtítulos, descripciones de audio para accesibilidad y herramientas avanzadas de archivo. Son casos de uso que no requieren una reinvención completa del proceso creativo, sino que optimizan tareas repetitivas y abren nuevas posibilidades sin alterar la esencia del relato.

Un estudio de la consultora Public First, encargado por Google, estima que estas herramientas podrían aportar hasta 9.400 millones de euros anuales al PIB de España para 2035, distribuidos entre 4.200 millones en el sector creativo y 5.300 millones en productividad para la economía general. Aunque se trata de proyecciones comisionadas por la propia tecnológica, dan una idea de la magnitud económica que se juega el sector.

El modelo híbrido y el miedo a la pérdida de empleo

Frente a la idea preconcebida de películas 100% hechas con IA, lo que se impone en la práctica es un modelo híbrido. Choron pone un ejemplo: un director francés está realizando una serie para la cadena pública franco-alemana ARTE en la que aproximadamente un 70% es acción real y un 30% es IA generativa. El argumento gira en torno a un periodista con depresión y la representación de su estado mental se refleja como en un sueño generado enteramente por IA.

El principal motivo para recurrir a esta tecnología es el ahorro de costes, tanto en grandes producciones como en pequeños proyectos. "Desde el punto de vista del negocio, también reduce riesgos: por ejemplo, una cadena de televisión puede validar un proyecto de serie o película mucho más ambicioso con menor riesgo financiero previo", asegura el responsable de Google. La IA permite iterar rápidamente: presentar la idea, probar antes de empezar la producción, hacer moodboards, pruebas de iluminación, lentes de cámara, vestuario y localizaciones sin necesidad de desplazar a todo un equipo.

Sin embargo, el miedo a que esta tecnología reemplace a las profesiones clásicas del cine sigue presente. Choron defiende que la IA está creando nuevos perfiles especializados que requieren una formación tradicional previa: "Necesitas saber cómo funciona la iluminación, las lentes de la cámara, la composición de escenas, el corte y el montaje. La IA es solo una herramienta; sin ese conocimiento es imposible lograr un resultado de alta calidad técnica y artística".

Un informe de Reuters recuerda que el impulso del cine con IA ha avivado los temores sobre la infracción de derechos de autor, el uso de la cara de actores chinos y la pérdida de empleos para los actores de doblaje.

El etiquetado y la autoría, la próxima frontera de la regulación

Más allá de los puestos de trabajo, el etiquetado es otro de los puntos que la industria cinematográfica se está planteando. China ya exige un etiquetado explícito para contenidos generados por IA, pero aún no ha introducido normas claras de derechos de autor para ello. En Europa, la protección de la autoría y la lucha contra los deepfakes se persiguen junto a otros sectores como el de escritores o periodistas.

Para ello han nacido sistemas de verificación como SynthID, una marca de agua invisible para el espectador pero que queda impregnada en el código. SynthID ha sido adoptado por socios como OpenAI, Google, NVIDIA y Kakao con el objetivo de establecer un estándar global de transparencia digital.

Aun así, hay una limitación evidente: que un contenido quede marcado como generado por IA no refleja el trabajo del artista o escritor ni el grado de originalidad de la obra. En producciones de cine o televisión, la decisión de notificar al público sobre el uso de la tecnología depende de los acuerdos contractuales entre los creadores y las cadenas de televisión o distribuidoras. En YouTube, por ejemplo, es obligatorio que los creadores etiqueten si un vídeo ha sido producido utilizando IA.

Cada festival establece sus propias normas, aunque la apertura va en aumento. "En el Festival de Cannes de este año presentamos el cortometraje generativo Good Night Lambi en la sección oficial Cannes Classics", apunta Choron, un gesto que demuestra que la industria empieza a asumir la IA como una herramienta legítima, siempre que se utilice con transparencia y respeto por el trabajo creativo.