Huang pide al G20 construir infraestructura de IA sin esperar a regular y apunta a Europa

El CEO de Nvidia, Jensen Huang, ha aprovechado la Reunión Ministerial de Innovación del G20 en Carolina del Norte para pedir a las mayores economías del mundo que aceleren la construcción de infraestructura de inteligencia artificial y que dejen que las empresas se autorregulen, un mensaje que llega con una referencia directa a la Unión Europea. La petición, que también secundan Elon Musk y Mark Zuckerberg, se enmarca en un contexto de tensión regulatoria y de oposición social a los centros de datos.
Un 'tesoro estadounidense' con un mensaje para el G20
Huang fue presentado por el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, como un 'tesoro estadounidense', un calificativo que subraya su peso político en un momento en que la administración Trump impulsa la construcción de centros de datos como parte de su estrategia frente a China.
En su intervención, Huang instó a los países del G20 a 'ponerse las pilas' para expandir la infraestructura de IA, advirtiendo de que 'el peor resultado posible es que no aprovechen esto y que se queden atrás'. El mensaje es claro: los líderes que traten la IA con miedo e incertidumbre corren el riesgo de dejar a sus países en desventaja competitiva.
La analogía de Huang elevó el tono al comparar la IA con un recurso natural esencial. 'Cada país necesita construir infraestructuras para que ésta pueda apoyar su propia economía local', dijo, equiparándola al agua, la electricidad y los servicios públicos. Esa comparación busca instalar la idea de que la IA es un bien básico que ningún país puede permitirse ignorar.
El frente común de los grandes de la tecnología
Huang no estaba solo. Horas antes de su presentación, Elon Musk y Mark Zuckerberg enviaron un mensaje en la misma dirección: los países del G20 deben acelerar en la construcción de centros de datos y garantizar el acceso a la infraestructura energética necesaria para alimentar esas instalaciones.
Los tres ejecutivos coinciden en un punto: los gobiernos deberían dejar que las empresas se regulen a sí mismas. Musk lo expresó con contundencia: 'Las nuevas tecnologías deben ser legales por defecto, no ilegales de facto'. Una frase que, aunque no menciona explícitamente a Europa, apunta directamente a la UE y a su enfoque regulatorio, que las grandes tecnológicas estadounidenses consideran un obstáculo para sus operaciones globales.
Huang defendió que la regulación debería centrarse en el daño real y no en el hipotético: 'La tecnología está en sus fases iniciales y se tendría que regular el daño práctico y real, no el daño teórico o hipotético. Es cada empresa la que tiene que asumir la responsabilidad de desarrollar la tecnología de manera segura'.
La energía como cuello de botella
Detrás de la insistencia en la infraestructura energética está un problema matemático que Musk puso sobre la mesa: la IA podría expandir la economía mundial entre un 20% y un 30%, pero mientras la producción de chips crezca a un ritmo anual del 40-50% y la generación de energía solo lo haga entre un 10% y un 20%, el desajuste será insostenible.
Para evitar ese cuello de botella, los líderes tecnológicos reclaman un aumento del ritmo en la construcción de centros de datos y en la capacidad de generación eléctrica. Musk, además, mencionó que SpaceX está investigando palas de nueva generación para turbinas de gas natural, lo que apunta a que las soluciones no dependerán solo de renovables.
Las peticiones llegan en un momento en que la oposición social a estos megaproyectos crece, con ejemplos notables en España, como la resistencia en Aragón. En paralelo, el presidente Trump se ha referido a los opositores de los centros de datos como 'retrógrados y pobres', en una escalada retórica que evidencia la polarización en torno a la expansión de la IA.



