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Intel subirá un 10% el precio de sus procesadores en octubre de 2026: consumo y servidores afectados

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(hipertextual.com)

Intel prepara una subida de precios de hasta el 10% en sus procesadores para PC y servidores a partir de octubre de 2026, según informa DigiTimes. Es el segundo ajuste al alza del año para la compañía, que busca incrementar su rentabilidad en un contexto de crisis de memoria y cuellos de botella en la fabricación de semiconductores. La medida podría acelerar la caída de las ventas de PC, que se estima pasarán de 260 millones de unidades en 2026 a 250 millones en 2027.

Una segunda subida en el mismo año, ahora del 10%

La compañía estadounidense planea encarecer sus procesadores en un 10% a partir de octubre de 2026, según la información publicada por DigiTimes. El incremento se suma a los ajustes de precios que ya realizaron Intel y AMD en abril de este mismo año, lo que convierte 2026 en un ejercicio especialmente complejo para quienes necesiten renovar su infraestructura tecnológica.

La medida afecta tanto a los procesadores de consumo como a los destinados a servidores. En algunos modelos de gama alta, el aumento podría superar los 1.000 dólares por unidad, un movimiento que tendrá un impacto directo en los presupuestos de las empresas que mantienen centros de datos o parques de equipos informáticos.

La decisión responde a la necesidad de incrementar ingresos en un momento de presión financiera. El consejero delegado de Intel, Lip-Bu Tan, ha impulsado una reorganización interna que contempla estas subidas como parte de su estrategia para estabilizar la compañía y mejorar su rentabilidad.

Pequeños procesadores Small Core, en la rampa de salida

Junto con el aumento de precios, Intel también valora discontinuar su línea Small Core, los chips de bajo margen que se mantenían en catálogo por razones de compatibilidad de plataforma y por demanda de ciertos clientes.

La eliminación de esta familia de procesadores responde a la misma lógica que la subida de precios: concentrar los recursos en los productos que aportan mayor rentabilidad. Para las empresas que hayan diseñado sus sistemas alrededor de estos chips, el movimiento implica replantear la hoja de ruta de futuras adquisiciones y posibles costes de migración a otras gamas.

Esta no es la primera vez que Intel recorta su portafolio para simplificar la oferta. La compañía ha seguido en los últimos años una estrategia de consolidación de líneas de producto, priorizando aquellos segmentos donde la competencia y los márgenes le permiten sostener el negocio.

La IA empuja la demanda de CPU, pero también tensiona la fabricación

El contexto detrás de esta subida tiene un nombre: la inteligencia artificial. Aunque los procesadores convencionales no están diseñados para entrenar grandes modelos —tarea que recae en las GPUs de NVIDIA o los aceleradores específicos—, el auge de la IA agéntica ha devuelto protagonismo a las CPU.

Operaciones como búsquedas vectoriales o consultas a bases de datos recaen sobre procesadores convencionales, lo que ha disparado la demanda justo cuando la capacidad de producción no puede seguir el ritmo. A esto se suma que los chips más potentes de Intel y AMD se fabrican con el proceso de 3 nanómetros, una tecnología que también disputan otros actores como las GPUs, los aceleradores de IA y los SoC personalizados de las grandes tecnológicas.

El resultado es un cuello de botella en la producción de obleas. Solo dos fabricantes, TSMC y Samsung, pueden producir a gran escala con el nodo avanzado de 3 nm, lo que mantiene la capacidad limitada y presiona los precios al alza en toda la cadena de suministro.

Impacto previsto en las ventas de PC y un futuro de precios altos

El encarecimiento de los componentes tendrá consecuencias en el mercado de los ordenadores personales. Se estima que el número total de envíos a nivel global pasará de los 260 millones de unidades vendidas en 2026 a solo 250 millones en 2027, un descenso que refleja la resistencia de los compradores a pagar más por hardware.

Este escenario se enmarca en una crisis de memoria que, según algunos analistas, podría extenderse más allá de 2030. La escasez de capacidad de fabricación y la fuerte demanda de componentes para IA mantendrán los precios elevados durante un periodo prolongado, afectando no solo a los procesadores sino también a la memoria y otros componentes esenciales.

Para las empresas tecnológicas, el mensaje es claro: la planificación de compras de hardware debe anticipar un entorno de precios al alza. Los incrementos de Intel podrían ser seguidos por otros fabricantes, y las decisiones de inversión en infraestructura deberán tener en cuenta este nuevo escenario de costes.