Japón convierte su escudo antimisiles cancelado en dos megabuques de 12.000 toneladas con 128 celdas de lanzamiento

Japón ha encontrado una solución flotante al vacío que dejó la cancelación de sus baterías terrestres Aegis Ashore: dos buques de 12.000 toneladas y 189 metros de eslora que cargan con 128 celdas de lanzamiento vertical y un radar capaz de seguir cinco veces más objetivos que el de sus destructores actuales. El primero, en construcción en Nagasaki, debe entrar en servicio antes de abril de 2028.
Del Aegis Ashore al ASEV: el giro naval de Tokio
El origen de estos buques no está en el mar, sino en tierra firme. Japón había planeado instalar dos complejos Aegis Ashore con el radar AN/SPY-7 para proteger permanentemente el archipiélago frente a misiles balísticos, especialmente los lanzados por Corea del Norte. El proyecto se canceló en 2020 por problemas técnicos, sobrecostes y el rechazo local al riesgo de que fragmentos de los interceptores cayeran sobre zonas habitadas.
Tokio decidió entonces trasladar el concepto al mar. El resultado son los Aegis System Equipped Vessels (ASEV), dos plataformas que Mitsubishi Heavy Industries está construyendo en Nagasaki y Yokohama. El primer buque, iniciado en julio de 2025, debe entregarse antes de que termine el año fiscal 2027, es decir, en marzo de 2028. El segundo, comenzado en febrero de 2026 en Yokohama, llegaría en el ejercicio siguiente.
Frente a los destructores Maya de 8.200 toneladas, los ASEV son un salto de escala: 12.000 toneladas de desplazamiento estándar, 189 metros de eslora y 25 de manga. Esa diferencia no es cosmética: el espacio extra aloja los cuatro radares AESA del SPY-7(V)1 de Lockheed Martin, de 4,3 metros de altura cada uno, y los sistemas de generación y refrigeración necesarios para mantenerlos operativos.
128 celdas VLS para interceptar y, más adelante, atacar
Cada ASEV montará dos grupos de lanzamiento vertical, uno a proa y otro a popa, que suman 128 celdas VLS. La cifra supera a los 96 de los destructores japoneses Maya y a los Arleigh Burke estadounidenses, e incluso a los 122 de los cruceros Ticonderoga. Su arsenal inicial se centra en la defensa aérea y antimisiles: SM-3 para interceptar misiles balísticos en fase intermedia fuera de la atmósfera y SM-6 para amenazas en fases posteriores, además de funciones antiaéreas y antibuque.
Japón participa además con Estados Unidos en el desarrollo del Glide Phase Interceptor (GPI), un arma diseñada para destruir vehículos hipersónicos de planeo en la fase más problemática de su trayectoria. La necesidad de este tipo de interceptores se explica por el contexto regional: Corea del Norte sigue probando misiles capaces de alcanzar territorio japonés, China amplía su arsenal de armas balísticas, de crucero e hipersónicas, y Rusia mantiene capacidades de ataque en el extremo oriental. Pekín y Moscú han intensificado además su cooperación militar con patrullas aéreas y navales conjuntas alrededor del archipiélago.
La proliferación de drones de ataque de largo alcance, evidenciada en Ucrania y Oriente Medio, añade otra capa de amenaza. Por eso Tokio planea que los ASEV incorporen hacia 2032 armas láser de alta energía para contrarrestar enjambres de drones, una capacidad que el espacio y las reservas eléctricas de estos buques hacen viable.
El escudo que también puede ser espada
Aunque nacen como plataformas especializadas en defensa antimisiles, los planes japoneses ya contemplan convertirlos en buques polivalentes. Hacia 2032 deberían incorporar misiles de crucero Tomahawk y la versión de alcance extendido del Type 12 japonés. Los Tomahawk, con un alcance de unos 1.600 kilómetros, permitirían atacar objetivos terrestres y potencialmente navales a gran distancia, en línea con la nueva estrategia de defensa stand-off de Japón.
Esa estrategia busca responder contra amenazas antes de que alcancen el archipiélago. Así, los ASEV pasarían de ser un escudo flotante a una herramienta de disuasión activa: capaces de derribar misiles enemigos y, a la vez, de amenazar los puntos desde los que podrían lanzarse. Tokio también planea que puedan compartir datos de blanco con otras unidades mediante Cooperative Engagement Capability, lo que los convierte en nodos centrales de la red de defensa japonesa.
Con solo dos unidades previstas, estos buques serán activos extraordinariamente capaces pero escasos. Su valor estratégico los convierte en objetivos prioritarios, por lo que necesitarán protección adicional en caso de conflicto. Aun así, representan un cambio cualitativo en la postura defensiva de Japón, que pasa de dos radares fijos en tierra a dos plataformas móviles capaces de proyectar su escudo allí donde se necesite.



