Nixval, el centro de datos 'neutro' valenciano que presume de no consumir agua: "Nuestra factura es la de los baños"

El centro de datos valenciano Nixval, especializado en interconexión de redes, quiere desmontar la mala fama del sector: su consumo de agua es mínimo, pero alerta de que la nueva regulación española sobre renovables podría encarecer hasta diez veces la energía necesaria y espantar inversiones.
Un centro de datos con 20 años de historia y una misión: la interconexión local
José Luis Gómez-Pardo, CEO de Nixval, lleva casi dos décadas al frente de una infraestructura que define como "la casa de la tecnología". Situado en Valencia, Nixval no es un centro de datos al uso: es un punto neutro donde se interconectan los principales proveedores de internet de la región.
"Proveemos principalmente a diferentes proveedores de internet un lugar en el que encontrarse con el resto de redes. Internet existe porque existe la interconexión entre redes", explica Gómez-Pardo. Su función es estratégica: "El tráfico que se genera en la Comunidad Valenciana se queda en la Comunidad Valenciana y puede intercambiarse localmente".
Esta vocación local cobra especial relevancia en situaciones de emergencia. El CEO recuerda que, ante un apagón o una catástrofe como la dana de 2024, si las redes de fibra de larga distancia quedan inhabilitadas, "aquí existe un lugar en el que poder intercambiar ese tráfico".
Gómez-Pardo utiliza una analogía aeroportuaria para explicar su papel: "Un aeropuerto es un edificio que no es propietario de los aviones ni les vende los billetes, pero facilita la infraestructura necesaria para que el tránsito de pasajeros en esa región sea mucho más eficiente". Cuantos más centros neutros regionales existan, más tráfico se queda cerca y menos dependencia de las grandes rutas de larga distancia.
Soberanía digital y regulación: el debate sobre la correspondencia horaria
Gómez-Pardo defiende la necesidad de una infraestructura de datos europea: "Hacen falta centros de datos ubicados en todos los países de la Unión Europea, controlados por los Estados miembros o por capital perteneciente a esos Estados". No solo por el alojamiento físico, sino también por la tecnología utilizada: "No solo que el dato esté físicamente alojado aquí, sino que la tecnología utilizada para tratar o transportar ese dato también sea europea".
Sin embargo, el CEO de Nixval se muestra crítico con el enfoque regulatorio actual, especialmente con el proyecto de Real Decreto español sobre sostenibilidad de los centros de datos. La propuesta, presentada en agosto, exige que cada hora al menos el 80% del consumo provenga de renovables nuevas, un requisito que el sector considera difícil de cumplir.
"La obligatoriedad del uso de energías renovables, PPA y demás puede ser algo muy positivo. Pero el gran inconveniente que yo atisbo aquí es la correspondencia horaria. Es tremendamente complicado implementarla a nivel técnico, y sobre todo en los plazos que se marcan", advierte Gómez-Pardo.
El problema es estructural: un centro de datos consume casi lo mismo a las tres de la tarde que a las tres de la madrugada, mientras que la solar solo produce de día. Para cumplir de noche o en días sin viento, habría que combinar fotovoltaica, eólica y baterías, sobredimensionando la instalación. "Eso multiplica, a grandes rasgos, prácticamente por diez la necesidad de energía", calcula el CEO.
Este sobrecoste podría resultar letal para el sector: "Esta inversión que quiere venir a España por todos los mimbres que tenemos, si aquí no encuentra las condiciones, si construir cada megavatio va a ser más caro que en el extranjero, al final buscará otros destinos. España tiene que satisfacer su necesidad de infraestructura digital, pero no a cualquier precio".
Agua y reputación: Nixval como ejemplo de eficiencia
El sector de los centros de datos arrastra una mala imagen vinculada al consumo de agua y energía, alimentada por casos como el de Amazon en El Burgo de Ebro, que acaba de recibir permiso para aumentar su gasto hídrico en un 48%. Gómez-Pardo quiere desmontar este relato con datos concretos de su propia instalación.
"Yo te puedo decir que Nixval no consume agua: nuestra factura del agua mensual es literalmente la del consumo de los baños", afirma. "Hacemos habitualmente visitas con universidades, institutos o asociaciones profesionales, y siempre surge: '¿los centros consumen agua?'. Pues tengo el dato concreto, y el consumo de agua corresponde únicamente al de los baños".
El CEO explica que la refrigeración evaporativa con agua potable, implementada en algunos centros de datos estadounidenses, es minoritaria en España, donde predominan la expansión directa de gas o los circuitos cerrados.
Sobre el consumo energético, Gómez-Pardo responde con una comparación: "Es equivalente a preguntarse cuánta energía consume el metro de Madrid. ¿Consume energía eléctrica? Sí, desde luego. Pero cualquier otra alternativa sería peor". Según su argumento, los centros de datos son más eficientes a escala que un escenario donde cada empresa aloje sus propios servidores.
El problema, cree, es de comunicación: "La industria, en realidad, ha sido tremendamente técnica y ha hablado entre ella. Hemos pasado prácticamente 20 años hablando entre nosotros de ingeniería y telecomunicaciones, pero no hemos hecho la labor de ser didácticos, salir al exterior y comunicar".
"Hasta prácticamente 2020 éramos una infraestructura crítica para la sociedad totalmente invisible. Nadie sabía nada al respecto. ¿Qué ocurrió? Que empezamos a captar atención", añade. Aun así, se muestra optimista: "La realidad social no es tan negativa como nos hacen creer. Aquí en España no considero que exista esa tensión, o no es tan palpable".
El futuro: IA distribuida y centros de datos cada 80 kilómetros
Gómez-Pardo dibuja un escenario futuro en el que la inteligencia artificial estará "por todas partes", con modelos especializados en sonido, movimiento, visión o tacto interactuando entre sí. Ese ecosistema de robots y sensores exigirá una latencia mínima: "El tiempo de respuesta entre el modelo que procesa la información y el sensor que la recibe será inferior a un milisegundo".
Ese requisito cambiará la geografía de la infraestructura digital. "Llevado al mundo físico, eso requerirá que existan puntos de intercambio como Nixval quizá cada 80 kilómetros", anticipa el CEO.
Lejos de un monopolio de hiperescaladores con instalaciones gigantescas, Gómez-Pardo vislumbra una "red descentralizada con pequeños actores centrados en dar respuesta local a demandas locales". Un modelo donde la soberanía digital no sea solo una aspiración política, sino una necesidad técnica.



