Un exoesqueleto personal devuelve la bipedestación a una joven parapléjica: así es su rutina diaria

La robótica aplicada a la movilidad reduce la dependencia de la silla de ruedas. Jessica Tawil, que sufrió una parálisis completa de cintura para abajo tras un accidente de coche, ha mostrado en redes sociales cómo un exoesqueleto personal le permite ponerse de pie y caminar por su vivienda. El dispositivo, desarrollado por la firma Wandercraft, ilustra el salto de esta tecnología del ámbito clínico al doméstico, aunque todavía requiere de un acompañante para su uso.
Del accidente a la rutina con exoesqueleto
Jessica Tawil tenía 16 años cuando un accidente de coche le provocó una parálisis completa de cintura para abajo. Durante una década, la silla de ruedas fue su único medio de desplazamiento. Ahora, la joven, que se ha convertido en un fenómeno viral, documenta en Instagram cómo el exoesqueleto Eve, de Wandercraft, le permite comenzar el día de pie.
En uno de sus últimos vídeos, Tawil muestra el proceso desde que se despierta en su dormitorio. Con la ayuda de su madre, debido a la altura de la cama, se transfiere a la silla para acercarse al dispositivo. Después, su madre la eleva e introduce en la estructura, ajustando las correas de sujeción. Este paso refleja una de las limitaciones actuales de la tecnología: Wandercraft recomienda que el uso de Eve se realice siempre con un acompañante capacitado, tanto para asistir en la instalación como para supervisar al usuario.
Características técnicas del Eve
El Eve es una estructura robótica autoequilibrada equipada con 12 motores y 12 grados de libertad, diseñada específicamente para personas con lesiones de médula espinal. A diferencia de otros exoesqueletos, no requiere muletas ni andadores, lo que libera las manos del usuario.
Su batería integrada ofrece una autonomía de 4 horas, suficiente para realizar tareas domésticas y desplazamientos dentro del hogar. Además, el sistema permite movimiento multidireccional, incluyendo pasos laterales y giros sobre el propio eje, una capacidad clave para desenvolverse en espacios reducidos.
El dispositivo es capaz de elevar al usuario hasta ponerlo completamente erguido. Una vez anclado, el robot se activa y la persona puede caminar por el pasillo de forma autónoma, como demuestra Tawil en sus vídeos. El sistema también permite inclinar el cuerpo para alcanzar objetos, como una plancha de pelo o una botella de agua en el suelo, acciones que, realizadas de pie, suponen un cambio significativo en la vida diaria.
Impacto en la vida diaria y perspectivas futuras
Jessica Tawil asegura que llevaba 10 años sin poder sostenerse de pie hasta que probó el Eve por primera vez el año pasado. Desde entonces, su rutina ha ganado en versatilidad. Poder completar su arreglo personal por su cuenta, sin depender de la silla, es una de las mejoras que destaca. La joven ha compartido en redes sociales su emoción al reencontrarse con una versión de sí misma que creía perdida.
Este caso pone de relieve cómo los avances en ingeniería biomédica están trasladando los exoesqueletos del entorno clínico al doméstico. Aunque la necesidad de un acompañante sigue siendo un obstáculo para la plena independencia, la evolución de estos dispositivos apunta a una mayor autonomía para las personas con movilidad reducida. La tecnología, que ya se utiliza en hospitales y centros de rehabilitación, comienza a llegar a los hogares, abriendo la puerta a una vida más normal para quienes no pueden usar sus piernas.



