Terafab: el proyecto de Musk para fabricar chips con 9,3 millones de m2 que quiere rivalizar con TSMC

Tesla y SpaceXAI han puesto en marcha el proyecto Terafab, una macroplanta de fabricación de semiconductores en Texas que aspira a convertirse en la estructura interior más grande del planeta, con unos 9,3 millones de metros cuadrados. La iniciativa, que cuenta con Intel como socio tecnológico, parte con una inversión inicial de 16.800 millones de dólares, aunque el presupuesto total podría escalar hasta los 119.000 millones. El objetivo a largo plazo es producir un teravatio de hardware de cómputo al año, en un movimiento que busca integrar toda la cadena de valor de los chips bajo un mismo techo.
Un proyecto de dimensiones sin precedentes
El proyecto Terafab, impulsado por Elon Musk a través de Tesla y SpaceXAI, contempla la construcción de un complejo de fabricación de chips con una superficie de aproximadamente 100 millones de pies cuadrados, el equivalente a unos 9,3 millones de metros cuadrados. Las comparaciones realizadas por el divulgador Nic Cruz Patane sitúan esta dimensión muy por encima de estructuras icónicas como el Pentágono, el Apple Park, la planta Giga Texas (10 millones de pies cuadrados) o el Mall of America (5,6 millones).
La instalación ocuparía más superficie que esas cuatro construcciones combinadas. La ubicación elegida es Grimes County, en Texas, donde ya se han iniciado las obras de preparación del terreno. Según la documentación presentada por SpaceX, el complejo no se construirá de una sola vez: cada etapa se negociará por separado, con sus propios plazos, inversiones y aprobación del consejo.
La inversión inicial anunciada es de 16.800 millones de dólares, una cifra que Reuters sitúa como punto de partida de un presupuesto que podría elevarse hasta los 119.000 millones si se completa todo el proyecto. Las fuentes de la compañía se muestran prudentes y advierten de que el coste final dependerá de cómo evolucionen las distintas fases.
Integración vertical para controlar la cadena de los semiconductores
SpaceX describe Terafab como un intento de integrar bajo una misma planta el diseño de las máscaras de fotolitografía, la fabricación de chips lógicos y de memoria, el empaquetado avanzado y las pruebas. Es decir, la compañía quiere controlar desde el diseño hasta el producto final, una estrategia que Musk ya ha aplicado en otros sectores como los cohetes, los satélites, las baterías, los centros de datos o la generación eléctrica.
Tesla necesita estos chips para sus vehículos y para sus robots Optimus, mientras que SpaceX los destinará a su futura infraestructura de computación orbital. A largo plazo, el objetivo declarado es producir un teravatio de hardware de cómputo cada año.
Para ello, SpaceX ha firmado un acuerdo con Intel, que aportará su experiencia en fabricación de semiconductores. Musk ya ha mantenido conversaciones con ASML, la empresa holandesa que tiene prácticamente el monopolio de las máquinas de litografía de alta gama, imprescindibles para fabricar chips avanzados.
La dependencia de Intel y los retos técnicos de producir chips desde cero
El plan de Terafab depende en gran medida de que Intel logre que su proceso de fabricación 14A funcione de forma competitiva y con buenos rendimientos. Esa tecnología es la apuesta de la compañía estadounidense para recortar terreno a TSMC, el gigante taiwanés que domina la fabricación de semiconductores a nivel mundial. El éxito de la megafábrica está vinculado, por tanto, a los avances de Intel y a su capacidad para escalar la producción con yields suficientes.
Los retos técnicos de levantar una planta de semiconductores van mucho más allá de la superficie del terreno. A diferencia de una fábrica de automóviles, una instalación de este tipo requiere salas limpias, suministro eléctrico continuo, grandes cantidades de agua pura y productos químicos, además de una cadena de distribución compleja en la que ASML desempeña un papel insustituible. Musk ya ha hablado con la empresa holandesa y SpaceX podría convertirse en uno de sus grandes clientes.
Las incógnitas sobre la financiación y el calendario siguen siendo importantes. Aprender a fabricar chips desde cero es un reto tan colosal como la propia dimensión del edificio. Aun así, Terafab ya cuenta con inversión inicial comprometida, obras de preparación en Texas y acuerdos firmados entre Tesla, SpaceX e Intel, además de conversaciones con socios tecnológicos.
Implicaciones para la industria europea y española
El movimiento de Musk refuerza la tendencia hacia la integración vertical en el sector de los semiconductores, una industria estratégica que Europa busca reforzar con su propia normativa y planes de inversión. La concentración de capacidades de fabricación en manos de un número cada vez menor de actores, ahora con Musk como nuevo aspirante, tendrá efectos en la cadena de suministro global y en la dependencia tecnológica de las empresas europeas.
Para las compañías españolas que dependen de semiconductores para sus productos, la entrada de un nuevo gran fabricante podría ampliar las opciones de suministro, aunque a medio plazo la incertidumbre es alta. La UE sigue impulsando su propio ecosistema de fabricación para reducir la dependencia de Asia y Estados Unidos, y proyectos como Terafab demuestran la magnitud de la inversión necesaria para competir en este terreno.
El sector observa con atención si la iniciativa de Musk logra superar los obstáculos técnicos y financieros. La documentación presentada subraya que cada fase se aprobará de forma independiente, lo que deja margen para ajustar el proyecto si las condiciones cambian. De momento, la megafábrica de chips en Texas es una apuesta real, con socios industriales confirmados y una ubicación definida.


